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La utopía venezolana

Se han escrito cosas interesantes sobre la Utopía, pero pocas veces se había presenciado su trasmutación a la realidad.


Platón en La República desribe como sería cierta sociedad perfecta y jerárquica, con filófosos reyes gobernándonos en su infinita sabiduría, con guerreros formidables listos para la defensa de la ciudad y con una clase productiva acorde a las necesidades de su polis. Posteriormente la realidad lo golpeó tan fuerte que tuvo que reimaginar una sociedad más realista y escribió Las leyes.


En la edad media el sir Thomas More describía, nuevamente, una sociedad ideal llamada Utopía, la cual estaba diseñada perfectamente para el bienestar de sus ciudadanos. Sin embargo, como se sabe, la edad media no fue, necesariamente, el mejor de los tiempos. No importaba no estar en el mejor de los tiempos posibles si se podía imaginarlo.


Posteriormente, Marx y Engels (sin caer en futuribles) dan ciertas ideas de una sociedad inminentemente utópica: no hay propiedad privada sobre los medios de producción (no de consumo), no hay clases sociales, no hay familias burguesas, no hay fetichismo de la mercancía, no hay alienación, no hay Estado. La idea de una posibilidad de la sociedad comunista llevó, como todos sabemos, a los más grandes catástrofes sociales nunca anes visto en la historia, solo comparable con las atrocidades de su primo hermano como es el fascismo-nazismo y todos los eventos de las guerras mundiales.

Cuando cayeron los intentos de comunimos reales, renació cierta idea de progreso, la cual estaba en decadencia según el propio Nisbet, el mundo volvía a respitar libertad. No por nada Popper y Hayek, gigantes intelectuales y partidarios de una sociedad libre, escriben sobre el tema. La convicción moral de Popper en su Búsqueda sin término lo llevó a dedicar un par de palabras ante la caía de la URSS en su breve post-escriptum; mientras que la intelectualidad de Hayek lo llevó a preguntarse si acaso el socialismo no habría sido un grosero error intelectual producto de la soberbia humana.


La euforia por un mundo más desarrollado, libre y siguiendo cierto proyecto ilustrado se consolida con la popular (y al mismo tiempo tan poco entendida) El fin de la historia y el último hombre de Fukuyama, en la cual aprehende cierta idea teleológica hegeliana para su propia Filosofía de la Historia, dando la idea clave las democracias liberales han triunfado y, ese, podría ser el camino a seguir en el telos de la historia.


Salvo por la China totalitaria, la norcorea cuasimonárquica, el congelado estado del siglo pasado de Cuba y ciertos países adicionales, se pensaba que nunca se volvería a vivir los episodios atroces de regímenes totalitarios. Sin embargo, nos equivocamos.


El impulso terco, idealista, pasional y aguerrido de las izquierdas (al cual el propio Lenin califica como una enfermedad mental) por negarse a perder hicieron que estos busquen, por todos los medios posibles, hacerse con la mayor parte de los gobiernos posibles y generar un bloque de resistencia (en su lógica, únicamente ellos están con los oprimidos), así nació el Foro de Sao Paulo y el Grupo de Puebla. Así nació el auténtico Leviatán de Venezuela.


El actual estado de las cosas en la tiranía del caribe me recuerdan, perfectamente y adentrándome en la mente de ciertos ingenuos, las utopías colectivistas del siglo pasado que tantas tragedias causaron. Venezuela es, en efecto una utopía (dispopía en sentidos estrictos) colectivista y totalitaria, la cual, en sus inicios, endulzó a las izquierdas latinoamericanas con el renovado discurso de “el socialismo del siglo XXI”, la cual no ha hecho más que traer hambre, miseria, muerte, persecución, censura e hipocresía, al haber tantos defensores de la Academia hacia el régimen, lo cual no hace más que denotar el espíritu totalitario de los socialistas como escribía Mises el siglo pasado.


Es, Venezuela, una Utopía, un Leviatán viejo que se resiste a morir y, lo más triste de todo, una lección que no hay que volver a repetir.

 
 
 

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